Cómo apreciar los retratos

Para ser honestos, si solo les echamos un vistazo, los retratos pueden parecer muy aburridos. Recuerdo que hace no mucho, sin dudarlo me saltaba la sección de retratos de los museos. Fue una reflexión de Johan Idema lo que cambió mi perspectiva (eso es lo que deberían hacer los críticos de arte, ofrecerle al lector un perspectiva para apreciar mejor). Les comparto lo aprendido y dos breves ejemplos en esta publicación.

Idema afirma que los retratos nos ofrecen la oportunidad única de fijar tu mirada, sin vergüenza y por el tiempo que gustes, al rostro de alguien (algo que en la vida cotidiana es verdaderamente difícil). Esta sencilla verdad cambió mi idea de los retratos para siempre. Puedes ver ojos y mirada el tiempo que gustes. Puedes tratar de imaginarte a la persona real y qué tipo de temperamento y hábitos podría tener.

Un buen retratista nos muestra el carácter de la persona y lo que a esa persona le parece valioso (muchas damas se hacían retratar con sus mejores vestidos, lo que nos da una idea de los gustos de la época). También inferimos las convicciones del pintor que siempre resalta uno u otro gesto, de belleza, de arrogancia, de poder, de fealdad o de desagrado.

“Every portrait that is painted with feeling is a portrait of the artist, not of the sitter” Oscar Wilde

Veamos dos ejemplos de lo anterior:

Ejemplo #1: Retrato de Pieter van den Broecke, por Frans Hals (1633)

A diferencia de otros retratos de la época o anteriores, que1200px-Frans_Hals_037 buscan mostrar a los retratados con una nobilísima dignidad. Este retrato parece una fotografía y no por el realismo, sino por lo espontáneo y natural del gesto. Es como si lo hubieran capturado en una instantánea. A pesar de sus caros ropajes, el cabello desaliñado y la sonrisa hacen pensar en un tipo sencillo y hasta bromista. El cambio de tonalidad entre frente (blanca) y nariz y mejillas (rojas) nos hablan de alguien que usa sombrero y que se expone constantemente al sol. Parece alguien trabajador (de hecho, era un comerciante de Venecia; casi lo podemos imgainar caminando por los muelles supervisando sus cargas). Aunado al carácter del personaje podemos entretenernos observando la maestría de la técnica: los tejidos en las muñecas, en los hombros y el dibujo de las manos resultan dificilísimos de imitar. Nada aburrido el retrato este.

Ejemplo #2: La señora de Cézanne, por Paul Cézanne (1885)

A primera vista surge inmediatamente la pregunta ¿por qué Cézanne pintaría a su propia esposa con ese gesto notablemente triste? Esa solScreenshot-2018-4-26 la señora cezanne - Buscar con Googlea pregunta ya da para entretenernos un rato y para ir a Wikipedia a chismosear sobre la vida de los Cézanne. En 2014, el Met presentó una serie de retratos que Cézanne hizo de su esposa (les recomiendo mucho este artículo sobre dicha exposición La desconocida esposa de Cézanne). En prácticamente todos los retratos la esposa aprece de labios apretados, mirada lejana y vestido hasta el cuello y las muñecas. Es poco el atractivo femenino en la mayoría de los retratos. No obstante, en este ejemplo su oreja, cabello y mirada denotan una belleza particular. El retrato transmite tanto la tristeza de Madame Cézanne como algo del modo en el que la miraba su esposo, el artista. Parece que Cézanne tenía un trato duro con ella y la hacía posar por horas.

Finalmente, les dejo dos retratos para ustedes ¿Qué ven?

 

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